"Si sabes esperar, la gente se olvidará de la cámara y entonces su alma saldrá a la luz" (Steve McCurry)

Al contrario de lo que su nombre podría sugerir, este blog habla de una idea que tuve y que poco a poco fue saliendo de mi cabeza para convertirse en novela. Publicada por Algón Editores (colección "Añil")

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martes, 10 de abril de 2012

Cuando no sabes muy bien qué temer

Por lo poco que he revelado en la sinopsis de la novela, junto con algo que he ido comentando en alguna entrada, ya sabéis que uno de los giros que da la vida de la protagonista es a causa de una fotografía que no debería haber hecho.

Decidió guardar la cámara, y mientras lo hacía, de pronto se sintió observada. A lo lejos, dentro del parque, un chico la miraba sin tan siquiera disimular, estaba serio, y clavaba sus ojos sobre ella, con los brazos a ambos lados del cuerpo, sin moverse, de frente, como si se hubiera quedado congelado. Su corazón se aceleró de pronto, aquel tipo le daba muy mala espina.

Esa foto, y el personaje que aparece en ella, o que cree aparecer (ahí dejo eso...), harán que la rutinaria vida de la fotógrafa tome un camino que no había imaginado: no solo se sentirá amenazada por alguien que no comprende muy bien de dónde sale, sino que también tomará decisiones que no se había planteado. ¿Hasta qué punto un solo instante puede cambiarnos la vida por completa? O ya no solo un instante: una mirada, un olor, una sensación... Una fotografía...

-¿Y tú quién coño eres? -murmuró el tipo entre dientes- ¿Por qué cojones me hacías fotos?
[...] Al ver que no reaccionaba, la soltó ligeramente, dejando un poco de aire, pero sin dejar de sujetarla.
-¿No me has oído? [...] Me estabas haciendo fotos ¿por qué?
-No... no te las ha... hacía a ti... lo juro.
-Dame la puta cámara.
-No...
Él volvió a aprisionarla contra la pared, mientras la amenazaba.
-Te he dicho que me des la puta cámara.

Cuando me planteé crear al "malo de la novela", al personaje que amenaza a la protagonista, primero lo imaginé en mi cabeza, me refiero físicamente, y después traté de colocarlo como enlace entre la primera y la segunda versión de la historia. En un principio no tuve muy claro el grado de protagonismo que iba a tener en la trama, pero poco a poco fue cobrando vida y ganando importancia, y creo que de hecho ha llegado a convertirse en uno de mis personajes favoritos. Incluso a mí me transmite odio y fascinación a la vez...

Sentía el brazo como paralizado del dolor a pesar de la dosis de ibuprofeno que se había tomado hacía tan sólo dos horas; sin duda, el día anterior se había pasado de la raya, y ahora en cierto modo lo lamentaba, pero mejor eso que dejarse ganar. A él nadie le ganaba [...] nunca se dejaba avasallar, ni por sus amigos, ni por los que decían que lo eran, y mucho menos por una estúpida niñata con una cámara colgada al cuello. Ya era hora de poner orden en aquel asunto y zanjarlo de una maldita vez. Era hora de recuperar el honor perdido, aquella zorra tenía que confesar lo que sabía.

A lo largo de la historia he tratado de mantener un poco el misterio que rodea a este personaje así como la tensión que provoca, y espero haberlo conseguido...

El vaso del refresco resbaló de su mano y cayó al suelo, quebrándose y salpicando de bebida sus pantalones. Se sobresaltó. Su corazón dio un vuelco y comenzó a latir con fuerza, al tiempo que ahogaba un grito. Él alargó su mano derecha y la agarró con fuerza por la muñeca [...] acorralándola con su cuerpo mientras la miraba fijamente a los ojos. Su mirada era fría y penetrante, tanto que la chica sintió que comenzaba a entrar en pánico, y fue incapaz de articular palabra alguna, ni siquiera de gritar para que alguien le ayudara.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Dos versiones de ¿una misma historia?

Como ya comenté en un post anterior, la novela tiene dos versiones. La primera es fruto de la precipitación y un montón de ideas poco hiladas, mi intención era escribir acerca de las relaciones personales y más o menos sentimentales de los personajes, tratando de crear a veces cierta tensión entre ellos, pero no lo conseguí. Supongo que la historia se quedó en un quiero y no puedo, y es que soy muy mala psicóloga y no supe ahondar en las emociones, pensamientos, reflexiones y diálogos como pretendía. Aunque a la hora de escribir Fin me sentí bastante realizada, sobre todo por haber sido capaz de concluir una novela después de varios años de sequía literaria, había algo que no me terminaba de convencer. La cuestión era que faltaba algo que aportara ritmo a la historia, que enganchara, que diera algo de sentido.

Solo una persona se ha leído esa primera versión, y cuando la terminó me dijo, literalmente, "me falta un qué". A lo que se refería es a que no pasaba nada en especial, supongo que esperaba que sucediera algo diferente, algo que le llamara la atención, algo que le animara a continuar leyendo.

Reconozco que me desanimé bastante, pero no pude ni quise tirar la toalla, estaba demasiado enganchada a los personajes como para abandonar la novela sin darle una segunda oportunidad. Busqué un qué que me convenciera, pero era complicado y a priori no se me ocurría nada que mereciera la pena.

Y entonces vi este vídeo...


Y tuve una idea... no os voy a desvelar cuál es (al menos, de momento)... Pero con esa idea escribí un capítulo, y me gustó tanto el resultado que sin dudarlo decidí reescribir la historia. He de reconocer que no solo el vídeo sino también la letra de la canción fueron bastante significativos en aquellos días.

Para la segunda parte utilicé capítulos y trozos de la primera versión, pero la historia en sí dio un giro de 180 grados. Para empezar, introduje tres personajes nuevos que daban un ritmo diferente a la narración y que aportaban ese algo que faltaba, sobre todo uno en concreto que es el que provoca que la vida de la protagonista se desbarate de repente.

"Decidió guardar la cámara, y mientras lo hacía, de pronto se sintió observada. A lo lejos, dentro del parque, un chico la miraba sin tan siquiera disimular, estaba serio, y clavaba sus ojos sobre ella, con los brazos a ambos lados del cuerpo, sin moverse, de frente, como si se hubiera quedado congelado. Su corazón se aceleró de pronto, aquel tipo le daba muy mala espina"

Gracias a estos nuevos secundarios, además, se conoce un poquito más a la protagonista, así que fue una buena oportunidad para romper ese hermetismo con el que construí el personaje.

"Ella le obedeció, y pudo contemplar a través del cristal de la ventana todas aquellas gotas resbalar lentamente. Después le miró de nuevo a él mientras sonreía. Ahora veía las sombras que la lluvia producía en su cara y eso le gustó, le transmitía mucha paz"

Cuando escribí el segundo Fin de la novela, supe que era el definitivo. Aunque no descarto la mejora de algunas partes y sobre todo correcciones gramaticales, errores que se me hayan podido pasar por alto (porque seguro que los hay), sé que la historia en sí ya no va a cambiar. Por supuesto, agradezco las críticas constructivas, de hecho ya he tenido alguna, y espero que haya más en el futuro, puesto que eso querrá decir que podré sacar este proyecto adelante...

viernes, 9 de marzo de 2012

Madrid

Supongo que es normal escribir sobre la ciudad que más conoces y que es probablemente aquella en la que has nacido,  o donde te has criado, o, en fin, sobre la que quieres hablar. Es lo que me pasa con Madrid, que fue donde nací y es la ciudad que más conozco, por eso suele ser el centro de mis relatos, en mayor o menor medida, y en Fotografiar la lluvia, en concreto, a veces cobra vida propia para obtener su protagonismo. Creo que es la vez que más me he esforzado por recorrer mentalmente sus calles, tal vez porque ahora la recuerdo en la distancia y la añoro como a una persona a la que una vez se quiso y se fue inesperadamente de tu lado. De hecho, el tener que recrearla en mi cabeza para que la protagonista de la obra pudiera recorrerla hizo crecer en mí esa melancolía y me hizo añorarla aún más. Pero precisamente también por esto he querido vivirla a través de los ojos del personaje, y fotografiarla para que su recuerdo no se borrara.

"Caminó a lo largo de la calle Huertas hacia arriba, mientras contemplaba las fachadas de los edificios por donde iba pasando, y llegó hasta la Plaza de Santa Ana, allí observó a su alrededor. Sacó la cámara del bolso y empezó a enfocar elementos inertes de la plaza: la estatua de Calderón de la Barca y la de Federico García Lorca, la blanca fachada del Teatro Español, los antiguos pórticos de algunas de las cervecerías... [...] Decidió bajar por la calle del Príncipe hasta llegar a la calle Sevilla y después a Alcalá. Toda aquella avenida estaba repleta de arte y a veces se sentía saturada de emociones que le llevaban a querer retratar cada rincón, cada piedra, cada baldosa."

He de reconocer que me he ayudado de mapas que he encontrado por internet para guiar a la protagonista a través de las calles, de otro modo mi mala memoria me habría jugado malas pasadas...

La calle León

No es una calle especial, pero durante varios años estuve trabajando cerca de allí, así que, en mi empeño por situar el "epicentro" de la historia en pleno centro de Madrid, se me ocurrió crear un pequeño apartamento en esta calle del barrio de las Cortes. Y allí coloqué a la protagonista y a su pequeño mundo. Es en la calle León donde comienza todo: la historia, el paseo, la fotografía...

"Sabía dónde podía encontrarla, sabía perfectamente por dónde se movía, incluso sabía dónde vivía; por eso la esperaba aquella tarde, escondido tras una esquina entre las calles León y Huertas, esperando a que ella saliera de aquel portal"

El barrio de las Letras, Sol, Chueca, El Retiro, Gran Vía...

Son zonas muy conocidas de la capital y en donde se desarrolla la mayor parte de la historia. Cada zona del casco urbano tiene su propio protagonismo, encerrando algún tipo de situación crucial o simplemente marcando un punto de situación para tratar de hacer más creíble el relato. 

"Aún no había anochecido pero mucha gente comenzaba a abandonar el parque del Retiro, empezaba a refrescar; no había entrado del todo la primavera, y era el momento de recogerse y volver a casa. No para ella. De pie frente al lago, observaba a su alrededor con curiosidad, buscando algo que le llamara especialmente la atención, por pequeño que fuera".

Creo que escribir sobre estos lugares emblemáticos ha hecho que la narración fuera mucho más visual para mí. Primero imaginaba las escenas, los lugares, la ambientación, y a continuación desarrollaba los acontecimientos, como si estuviera escribiendo el guión de una película. Tenía imágenes sueltas, fotogramas que poco a poco tenía que ir hilando para que el relato tuviera sentido. Y la película fue creciendo y tomando forma a medida que el paseo por Madrid se iba alargando.

Creo que fue la excusa perfecta para trazar un recorrido personal y volver, aunque fuera con recuerdos, a pasear por sus calles. 

sábado, 3 de marzo de 2012

Que no falte la música

Banda sonora

No hay historia que  haya escrito que no tenga su propia banda sonora, a pequeña o gran escala, es decir, al menos una canción que me la recuerde. Hay relatos con una sola canción, y hay otros en los que podría grabar un cede completo con canciones que me han inspirado mientras los escribía. Alguna vez lo he hecho, me refiero a grabar un disco con la "banda sonora", lo hice con la primera novela completa y más o menos "madura" que escribí, hace ya como diez años, y lo he vuelto a hacer con Fotografiar la lluvia. Siempre he pensado que me encantaría poder publicar una historia con su banda sonora de regalo, el problema, como siempre: derechos de autor, discográficas...

Al igual que hay relatos que solo han tenido una canción, y otros en los que me he servido de multitud de piezas que me han transmitido algo, ha habido obras en las que podría poner la música un solo grupo o artista, o un solo disco. En general, suelo escuchar diversos grupos y nunca me pongo música al azar, quiero decir que mientras escribo no puedo escuchar "cualquier canción", tiene que ser aquella que ya me esté transmitiendo algo, que me recuerde a la historia de algún modo, o que la letra tenga algo que ver; de otro modo, me distraería.

Fotografiar la lluvia es de esas historias que, aun con influencia de variedad de canciones, han contado con un solo grupo/artista principal al que en un universo paralelo e hipotético podría acudir para que me reescribiera canciones acordes al relato. No voy a decir cuál es el grupo/artista, me lo guardo para mí, en parte porque es algo relativamente sentimental y en parte porque, si quisiérais/pudiérais leer la historia, me gustaría que cada unx de vosotrxs ponga la banda sonora que más le guste. Yo no quiero marcar qué hay que escuchar, porque considero que a cada persona le transmite un tipo de música, un tipo de voz, una letra... Canciones que para mí son un mundo de sentimientos o una marea de sensaciones e imágenes, a lo mejor a vosotrxs no os dicen nada. Así que no quiero influir en este caso (a no ser que el grupo/artista en cuestión se prestara a hacerme la  banda sonora, claro)

La música en la obra

Aparte de por inspiración, la música juega un papel importante en la novela. No se trata de una historia realmente musical, pero sí que a través de ella se da un pequeño giro rítmico a los acontecimientos, y, junto a la fotografía y la lluvia, sería tal vez el tercer elemento imprescindible, explícitamente hablando.

"Cuando las luces se apagaron, unos focos proyectaron una tenue luz roja sobre el escenario, lo cual le recordó a su habitación y le hizo sonreír. Sonaron los primeros acordes, melódicos, de teclado, y el modesto público comenzó a aplaudir para alentarles. Se fueron uniendo uno a uno el resto de instrumentos. Sonaba bien, muy bien..."

No puedo evitar reflejar mi pasión personal por la música en cada una de mis historias, aunque haya personajes que son menos musicales que otros, de hecho la protagonista de Fotografiar la lluvia no tiene esa melomanía que, sin embargo, impregna partes de la trama. 

"Se notaba que amaba la música por encima de todo. Todo lo demás daba igual".

Sin embargo, durante la historia no se nombran apenas grupos, artistas o canciones reales, salvo una excepción: una artista cuya obra es importante en la trama que gira alrededor de varios personajes secundarios. En esta ocasión, esta trama secundaria me llevó a inventar los títulos de diversas canciones, y os contaré un secreto un poco tonto: utilicé frases o palabras de algunas de las piezas que más me han inspirado a la hora de escribir la novela. Solo hay una canción cuyo título y letra están completamente inventados por mí. Una curiosidad: la letra solo aparece íntegra en la primera versión que escribí de la novela; sin embargo, en la segunda, y definitiva, solo muestro el título y el estribillo. 

"[...] la letra me salió casi sola, tan sólo me limité a pensar en ti y las palabras fueron brotando".

¡Exacto! Eso fue precisamente lo que hice...

viernes, 2 de marzo de 2012

La lluvia

Se trata de otro elemento importante en la novela, y, al igual que sucede con el término "fotografía", como ya os comenté en la anterior entrada, no está puesto al azar en el título. La lluvia, entendida como suceso meteorológico, como "acción de llover", como gotas de agua que caen de las nubes, se pasea a lo largo de la historia y campa a sus anchas una y otra vez, creando estampas dignas de ser fotografiadas y situaciones cargadas de sentimientos.

"Cada vez que miro la lluvia me acuerdo de ti..."

Esta frase se repite varias veces a lo largo de la novela, pero ¿quién o quiénes la pronuncian? Y ¿por qué? ¿Qué significa la lluvia? ¿De quién se acuerda/n? 

Comienza a llover ya desde el principio de la historia, y en cierto modo no parará, de forma real o metafórica, hasta que se llega al final.

"El apartamento estaba completamente en silencio y podía escucharse un lejano ruido, una especie de picoteo, era la lluvia que golpeaba la ventana, con suavidad, dejando pequeñas gotas impregnadas en el cristal [...] abrió la ventana, y cámara en mano, empezó a fotografiar lo que se veía a través de ella: los edificios grises y mojados, el cielo encapotado y renegrido, las calles resbaladizas, las farolas encendidas, cuya luz reflejaba el caer de la lluvia. Bajó la cámara y observó toda aquella magnitud..."

No sé si en cierto modo os preguntaréis si mi nombre ha influido a la hora de introducir este elemento en la trama, y la respuesta es: sí, por supuesto. Porque tampoco es un nombre elegido al azar. Siempre me ha gustado la lluvia: observarla, analizarla, escucharla... Es una metáfora que me ha acompañado a lo largo de la vida, y, de hecho, suelen gustarme mucho las canciones que hablan sobre ella, salvo algunas excepciones. Me gusta cuando llueve, me gusta mojarme, me gustan las tormentas... Por eso he disfrutado creando un mundo personal alrededor de este término, como elemento y como nombre. 

No sé si he logrado despertar vuestro interés...

"La observó con atención y curiosidad, sonriéndole como si pudiera verla, contempló su rostro, tan sosegado y con una dulce expresión de satisfacción, y aquellos reflejos bailando sobre su piel, las gotas resbalando como si la lluvia cayera transformada en extrañas sombras dentro de la habitación".

Si os gusta la lluvia tanto como a mí, espero no defraudaros.

lunes, 27 de febrero de 2012

La Fotografía

El título de la novela no es casual, es decir, no le puse "Fotografiar la lluvia" porque me sonara bien sino porque el acto en sí tiene un gran significado a lo largo de la historia. Y no solo la lluvia, la fotografía en su conjunto. 

"Durante meses se había afanado en retratar lo mejor de las personas, sus gestos, sus emociones, sus miradas... Le había costado enormemente ser capaz de captar con escrupulosa realidad lo que las personas eran capaces de transmitir, hasta entonces se había conformado con fotografiar aquello que le gustaba, casi todo naturaleza muerta, pero había descubierto la riqueza del cuerpo humano, la energía que podía emanar de él".

La fotografía es lo que motiva a la protagonista a echarse a la calle y vivir la ciudad y su gente de una forma diferente, ve el mundo a través del visor con una perspectiva personal que convertirá en un ambicioso proyecto a través del cual desea conocer mejor las emociones que es capaz de transmitir el cuerpo humano. Quiere ser espectadora invisible, poder observar sin que nadie se de cuenta y retratar a personas anónimas que desprendan algún tipo de energía o emoción especial. 

" [...] contempló las paredes semivacías, y pensó en que tal vez podría empezar a esbozar en ellas un inicio de mural de emociones humanas [...]"

Así, se le ocurre la idea de imprimir aquellas fotografías que, a su juicio, son más expresivas e irlas pegando en una de las paredes, formando poco a poco un mural que poder observar y analizar. Se trata de un trabajo que poco a poco le irá sacando de su rutina actual y le hará conocer contra pronóstico a varias personas que irán alterando en mayor o menor medida tanto su proyecto como su vida. 

A lo largo de la novela, se va haciendo notable no solo la afición de la protagonista por la fotografía sino por qué le apasiona tanto, cómo ve ese mundo a través del visor de su cámara, cómo la gente consigue traspasar el objetivo y colarse en su mente. 

Se dice que algunas tribus indígenas creen que las cámaras, al retratarnos, nos están robando el alma ¿Es eso lo que hace ella? ¿Está de algún modo robando el alma de aquellas personas a las que fotografía? ¿O simplemente se involucra demasiado con aquellos a los que retrata?