"Si sabes esperar, la gente se olvidará de la cámara y entonces su alma saldrá a la luz" (Steve McCurry)

Al contrario de lo que su nombre podría sugerir, este blog habla de una idea que tuve y que poco a poco fue saliendo de mi cabeza para convertirse en novela. Publicada por Algón Editores (colección "Añil")

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viernes, 9 de marzo de 2012

Madrid

Supongo que es normal escribir sobre la ciudad que más conoces y que es probablemente aquella en la que has nacido,  o donde te has criado, o, en fin, sobre la que quieres hablar. Es lo que me pasa con Madrid, que fue donde nací y es la ciudad que más conozco, por eso suele ser el centro de mis relatos, en mayor o menor medida, y en Fotografiar la lluvia, en concreto, a veces cobra vida propia para obtener su protagonismo. Creo que es la vez que más me he esforzado por recorrer mentalmente sus calles, tal vez porque ahora la recuerdo en la distancia y la añoro como a una persona a la que una vez se quiso y se fue inesperadamente de tu lado. De hecho, el tener que recrearla en mi cabeza para que la protagonista de la obra pudiera recorrerla hizo crecer en mí esa melancolía y me hizo añorarla aún más. Pero precisamente también por esto he querido vivirla a través de los ojos del personaje, y fotografiarla para que su recuerdo no se borrara.

"Caminó a lo largo de la calle Huertas hacia arriba, mientras contemplaba las fachadas de los edificios por donde iba pasando, y llegó hasta la Plaza de Santa Ana, allí observó a su alrededor. Sacó la cámara del bolso y empezó a enfocar elementos inertes de la plaza: la estatua de Calderón de la Barca y la de Federico García Lorca, la blanca fachada del Teatro Español, los antiguos pórticos de algunas de las cervecerías... [...] Decidió bajar por la calle del Príncipe hasta llegar a la calle Sevilla y después a Alcalá. Toda aquella avenida estaba repleta de arte y a veces se sentía saturada de emociones que le llevaban a querer retratar cada rincón, cada piedra, cada baldosa."

He de reconocer que me he ayudado de mapas que he encontrado por internet para guiar a la protagonista a través de las calles, de otro modo mi mala memoria me habría jugado malas pasadas...

La calle León

No es una calle especial, pero durante varios años estuve trabajando cerca de allí, así que, en mi empeño por situar el "epicentro" de la historia en pleno centro de Madrid, se me ocurrió crear un pequeño apartamento en esta calle del barrio de las Cortes. Y allí coloqué a la protagonista y a su pequeño mundo. Es en la calle León donde comienza todo: la historia, el paseo, la fotografía...

"Sabía dónde podía encontrarla, sabía perfectamente por dónde se movía, incluso sabía dónde vivía; por eso la esperaba aquella tarde, escondido tras una esquina entre las calles León y Huertas, esperando a que ella saliera de aquel portal"

El barrio de las Letras, Sol, Chueca, El Retiro, Gran Vía...

Son zonas muy conocidas de la capital y en donde se desarrolla la mayor parte de la historia. Cada zona del casco urbano tiene su propio protagonismo, encerrando algún tipo de situación crucial o simplemente marcando un punto de situación para tratar de hacer más creíble el relato. 

"Aún no había anochecido pero mucha gente comenzaba a abandonar el parque del Retiro, empezaba a refrescar; no había entrado del todo la primavera, y era el momento de recogerse y volver a casa. No para ella. De pie frente al lago, observaba a su alrededor con curiosidad, buscando algo que le llamara especialmente la atención, por pequeño que fuera".

Creo que escribir sobre estos lugares emblemáticos ha hecho que la narración fuera mucho más visual para mí. Primero imaginaba las escenas, los lugares, la ambientación, y a continuación desarrollaba los acontecimientos, como si estuviera escribiendo el guión de una película. Tenía imágenes sueltas, fotogramas que poco a poco tenía que ir hilando para que el relato tuviera sentido. Y la película fue creciendo y tomando forma a medida que el paseo por Madrid se iba alargando.

Creo que fue la excusa perfecta para trazar un recorrido personal y volver, aunque fuera con recuerdos, a pasear por sus calles. 

lunes, 27 de febrero de 2012

La Fotografía

El título de la novela no es casual, es decir, no le puse "Fotografiar la lluvia" porque me sonara bien sino porque el acto en sí tiene un gran significado a lo largo de la historia. Y no solo la lluvia, la fotografía en su conjunto. 

"Durante meses se había afanado en retratar lo mejor de las personas, sus gestos, sus emociones, sus miradas... Le había costado enormemente ser capaz de captar con escrupulosa realidad lo que las personas eran capaces de transmitir, hasta entonces se había conformado con fotografiar aquello que le gustaba, casi todo naturaleza muerta, pero había descubierto la riqueza del cuerpo humano, la energía que podía emanar de él".

La fotografía es lo que motiva a la protagonista a echarse a la calle y vivir la ciudad y su gente de una forma diferente, ve el mundo a través del visor con una perspectiva personal que convertirá en un ambicioso proyecto a través del cual desea conocer mejor las emociones que es capaz de transmitir el cuerpo humano. Quiere ser espectadora invisible, poder observar sin que nadie se de cuenta y retratar a personas anónimas que desprendan algún tipo de energía o emoción especial. 

" [...] contempló las paredes semivacías, y pensó en que tal vez podría empezar a esbozar en ellas un inicio de mural de emociones humanas [...]"

Así, se le ocurre la idea de imprimir aquellas fotografías que, a su juicio, son más expresivas e irlas pegando en una de las paredes, formando poco a poco un mural que poder observar y analizar. Se trata de un trabajo que poco a poco le irá sacando de su rutina actual y le hará conocer contra pronóstico a varias personas que irán alterando en mayor o menor medida tanto su proyecto como su vida. 

A lo largo de la novela, se va haciendo notable no solo la afición de la protagonista por la fotografía sino por qué le apasiona tanto, cómo ve ese mundo a través del visor de su cámara, cómo la gente consigue traspasar el objetivo y colarse en su mente. 

Se dice que algunas tribus indígenas creen que las cámaras, al retratarnos, nos están robando el alma ¿Es eso lo que hace ella? ¿Está de algún modo robando el alma de aquellas personas a las que fotografía? ¿O simplemente se involucra demasiado con aquellos a los que retrata?