"Si sabes esperar, la gente se olvidará de la cámara y entonces su alma saldrá a la luz" (Steve McCurry)

Al contrario de lo que su nombre podría sugerir, este blog habla de una idea que tuve y que poco a poco fue saliendo de mi cabeza para convertirse en novela. Publicada por Algón Editores (colección "Añil")

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miércoles, 12 de diciembre de 2012

Lo peligroso

Ya he comentado en varias entradas lo importante que es para mí la música tanto en mi vida cotidiana como a la hora de escribir, también conté que casi todos mis relatos tienen su propia banda sonora y que incluso en muchos de ellos las canciones me han servido de inspiración. Por ejemplo, en Fotografiar la lluvia utilicé el título de una canción de Janis Joplin para dar nombre al grupo musical que aparece en la historia, y no solo eso, también me serví de otro título de canción para nombrar uno de los bares en los que se desarrolla la historia. En este caso el nombre es Lo peligroso, un tema del disco La caza (1994) de Tahures Zurdos

Para quienes no los conozcáis, Tahures Zurdos es un grupo navarro que comenzó su andadura en 1987. Yo personalmente los conocí a principios de los noventa, cuando en la radio sonaba aquel Tocaré incluido en el álbum Nieve negra (1991), canción que me fascinó desde el primer momento que la escuché y que me hizo engancharme a ellos.

El escoger Lo peligroso como nombre de uno de los bares de la novela no fue premeditado, simplemente necesitaba algo que me diera ideas y casualmente en aquel momento estaba escuchando a Tahures a través de Spotify. Cuando sonó dicho tema supe que ese era el nombre que estaba buscando.

Os dejo el vídeo de la canción:




Peligroso fue imaginar que soy real...

lunes, 16 de abril de 2012

Releer lo tantas veces releído

Hace poco, hablando con un amigo al que también le gusta escribir, recibí un gran consejo acerca de mi blog; me dijo que quizás lo estaba haciendo demasiado técnico y que podría ser bueno enforcarlo un poco más hacia el lado personal. Y supe que tenía razón, que quizás debía plasmar un poco más mi propia experiencia a la hora de escribir y tratar de haceros algo más partícipes del blog, en vez de limitarme a aspectos puramente teóricos sobre la novela. Así que en algunas de las entradas voy a intentar hacerlo. 

Otra sugerencia por parte de este amigo fue dedicar alguna entrada a ese momento en el que volvemos a releer algún antiguo escrito, aunque prácticamente nos lo sepamos de memoria, y de pronto sentimos dudas hacia él. Me explico...

Uno de los consejos que siempre he encontrado cuando buscaba pautas a la hora de tratar de publicar una historia, es ese en el que dicen que es bueno dejar reposar tu escrito y retomarlo un tiempo después, para verlo con otros ojos, con otra frescura. Cuando terminé la primera versión de Fotografiar la lluvia, y viendo que no estaba del todo satisfecha con el resultado, pensé que sería conveniente dejarla reposar, y que después de un tiempo decidiría si merecía la pena hacer algo con ella o no. Sabía que corría un riesgo, y era que al volver a poner aquel documento frente a mí, me sintiera demasiado decepcionada. 

No sé si a vosotros, a los que escribís con frecuencia y conseguís terminar lo que habéis empezado (cosa que yo, lamentablemente, muchas veces no consigo) os ha pasado que después de bastante tiempo, cuando habéis vuelto a leer algo de lo que os sentíais orgullosos, de pronto habéis sentido que no era para tanto, o incluso habéis resoplado y pensado "¿esto lo he escrito yo?". Bueno, esta última pregunta no me la he hecho nunca, realmente, pero sí he pegado ese resoplido. Siempre trato de colocar cada cosa en su época, es decir, no puedo pedir demasiado de algo que escribí, por ejemplo, en la adolescencia (es por ello por lo que quizás nunca trataré de leer aquellos relatos infantiloides), e intento pensar el por qué de lo que plasmaba en las hojas (cuando escribía a mano). Es decir, trato de ser comprensiva conmigo misma y no hacer una autocrítica demasiado destructiva.

Sin embargo, hace poco me pasó que quise volver a leer una novela que escribí hace unos diez años y de la cual me sentía bastante orgullosa. Recuerdo que entonces se la dejé leer a cierto número de personas y les pedí que me hicieran una valoración, que trataran de ser sinceros y, en la medida de lo posible, me indicaran los fallos, lo que cambiarían, lo que les gustaba... Aquella novela la había escrito con mucha ilusión y mucho empeño, tenía a los personajes en mi cabeza como si se tratara de una película, y los adoraba, creía realmente en ellos. Además, a excepción de los relatos de cierta extensión de la adolescencia, era el primer escrito en formato novela que conseguía terminar. La leí y releí varias veces, y me gustaba tanto la historia que incluso me planteé dar ese paso adelante y enviarla a algunas editoriales.

Por fortuna, no lo hice.

Cuando la retomé hace unos meses, me llevé las manos a la cabeza ¡Tenía tanto que modificar! De hecho, ni siquiera he podido terminarla. Sigo creyendo en gran parte de la historia, y me siguen gustando mucho los personajes, así que creo que quizás merecería la pena, en otro momento, más adelante, tratar de hacer algo nuevo con ella, es decir: reescribirla. Pero desde una nueva perspectiva, con mi yo de ahora. 

Creo que ha sido un poco frustrante para mí. Cuando has creído tanto en algo y con el paso del tiempo descubres que no era para tanto... no sé, sientes incluso algo de vergüenza. Por fortuna, no me ha pasado con algunos de los escritos de los que también me he sentido orgullosa. Muchos de ellos tendrán un montón de fallos, pero soy capaz de leerlos de principio a fin.

Así que temo un poco que con Fotografiar la lluvia llegue a pasarme lo mismo... La verdad es que no transcurrió mucho tiempo desde que terminé la primera versión hasta que me embarqué en la segunda, porque no podía desconectar de ella ni deshacerme de los personajes. ¿Alguna vez habéis sentido esa especie de enamoramiento hacia vuestras propias criaturas? He llegado a obsesionarme un poco con ella, para ser sincera, y aún hoy todavía la tengo en mi cabeza. Por eso creo que siempre podría jugar a dejar pasar un tiempo y retomarla para tratar de verla con otros ojos, y siempre podría añadir cosas nuevas y modificar algunas otras. Así que, de momento, no lo haré (a no ser, claro está, que alguna editorial interesada me pida que lo haga). Pero ese temor está ahí. ¿Y si algún día resoplo y pienso "he escrito yo esto" de forma peyorativa?

¿Os ha pasado también a vosotros?

viernes, 9 de marzo de 2012

Madrid

Supongo que es normal escribir sobre la ciudad que más conoces y que es probablemente aquella en la que has nacido,  o donde te has criado, o, en fin, sobre la que quieres hablar. Es lo que me pasa con Madrid, que fue donde nací y es la ciudad que más conozco, por eso suele ser el centro de mis relatos, en mayor o menor medida, y en Fotografiar la lluvia, en concreto, a veces cobra vida propia para obtener su protagonismo. Creo que es la vez que más me he esforzado por recorrer mentalmente sus calles, tal vez porque ahora la recuerdo en la distancia y la añoro como a una persona a la que una vez se quiso y se fue inesperadamente de tu lado. De hecho, el tener que recrearla en mi cabeza para que la protagonista de la obra pudiera recorrerla hizo crecer en mí esa melancolía y me hizo añorarla aún más. Pero precisamente también por esto he querido vivirla a través de los ojos del personaje, y fotografiarla para que su recuerdo no se borrara.

"Caminó a lo largo de la calle Huertas hacia arriba, mientras contemplaba las fachadas de los edificios por donde iba pasando, y llegó hasta la Plaza de Santa Ana, allí observó a su alrededor. Sacó la cámara del bolso y empezó a enfocar elementos inertes de la plaza: la estatua de Calderón de la Barca y la de Federico García Lorca, la blanca fachada del Teatro Español, los antiguos pórticos de algunas de las cervecerías... [...] Decidió bajar por la calle del Príncipe hasta llegar a la calle Sevilla y después a Alcalá. Toda aquella avenida estaba repleta de arte y a veces se sentía saturada de emociones que le llevaban a querer retratar cada rincón, cada piedra, cada baldosa."

He de reconocer que me he ayudado de mapas que he encontrado por internet para guiar a la protagonista a través de las calles, de otro modo mi mala memoria me habría jugado malas pasadas...

La calle León

No es una calle especial, pero durante varios años estuve trabajando cerca de allí, así que, en mi empeño por situar el "epicentro" de la historia en pleno centro de Madrid, se me ocurrió crear un pequeño apartamento en esta calle del barrio de las Cortes. Y allí coloqué a la protagonista y a su pequeño mundo. Es en la calle León donde comienza todo: la historia, el paseo, la fotografía...

"Sabía dónde podía encontrarla, sabía perfectamente por dónde se movía, incluso sabía dónde vivía; por eso la esperaba aquella tarde, escondido tras una esquina entre las calles León y Huertas, esperando a que ella saliera de aquel portal"

El barrio de las Letras, Sol, Chueca, El Retiro, Gran Vía...

Son zonas muy conocidas de la capital y en donde se desarrolla la mayor parte de la historia. Cada zona del casco urbano tiene su propio protagonismo, encerrando algún tipo de situación crucial o simplemente marcando un punto de situación para tratar de hacer más creíble el relato. 

"Aún no había anochecido pero mucha gente comenzaba a abandonar el parque del Retiro, empezaba a refrescar; no había entrado del todo la primavera, y era el momento de recogerse y volver a casa. No para ella. De pie frente al lago, observaba a su alrededor con curiosidad, buscando algo que le llamara especialmente la atención, por pequeño que fuera".

Creo que escribir sobre estos lugares emblemáticos ha hecho que la narración fuera mucho más visual para mí. Primero imaginaba las escenas, los lugares, la ambientación, y a continuación desarrollaba los acontecimientos, como si estuviera escribiendo el guión de una película. Tenía imágenes sueltas, fotogramas que poco a poco tenía que ir hilando para que el relato tuviera sentido. Y la película fue creciendo y tomando forma a medida que el paseo por Madrid se iba alargando.

Creo que fue la excusa perfecta para trazar un recorrido personal y volver, aunque fuera con recuerdos, a pasear por sus calles.